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El sector República del Liceo Camilo Ortúzar Montt se llenó de entusiasmo y gratitud al conmemorar el Día de la Educación Parvularia, una fecha que nos invita a reconocer la trascendencia de los primeros pasos en la vida escolar de cada niño.
La educación inicial es mucho más que aprender letras o números: es el terreno fértil donde florecen la imaginación, confianza, socialización y capacidad de expresar emociones. Es el cimiento que sostiene el desarrollo integral de los pequeños y que les permite crecer seguros, alegres y acompañados. En este espacio, cada juego, dinámica y gesto de cariño se convierten en semillas de futuro que fortalecen la identidad y la esperanza de nuestra comunidad.
En este camino, las educadoras de párvulos cumplen un rol insustituible. Con paciencia, ternura y vocación, ellas guían los primeros aprendizajes, sembrando valores y experiencias que marcarán la vida de cada estudiante. Su entrega diaria es un verdadero testimonio de amor educativo, que refleja el espíritu de Don Bosco en nuestras aulas y nos recuerda que educar es, ante todo, un acto de corazón.
La celebración estuvo llena de juegos, dinámicas y actividades deportivas, que hicieron vibrar de entusiasmo a los cursos de Prekínder y Kínder. Los niños participaron con alegría y compromiso, demostrando que la educación parvularia es un espacio donde la creatividad y convivencia se entrelazan para formar experiencias inolvidables. Cada actividad se transformó en una oportunidad para potenciar la imaginación, habilidades motrices, trabajo en equipo y expresión emocional, pilares que esta etapa promueve con cariño y dedicación.
La sonrisa de los más pequeños y la energía compartida en cada momento nos recordaron que los niños se desarrollan plenamente cuando se sienten acompañados y queridos, fiel al legado salesiano que nos inspira a educar con cercanía y afecto. Como nos recuerda Don Bosco: “La educación es cosa del corazón, y sólo Dios es su dueño.”